Elijo no elegir

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Asisto estupefacto al constante tira y afloja de los políticos, al constante bombardeo que se infligen mutuamente, y al bochornoso espectáculo de lucha por el poder en que se ha convertido la vida política. En el fondo, no podría más que reírme por lo absurdo de la situación, sino fuera por que nuestro país, nuestra economía y nuestro bienestar, están en manos de mentes tan cerradas e individuos tan patéticos. Y lo curioso de todo, es que son personas con grandes carreras, por lo que en teoría, les debería otorgar cierto nivel de conocimiento, al que muchos, como es mi caso, no hemos alcanzado. Pero no solo los políticos son los que están divididos. Los periódicos, televisiones y hasta los jueces están divididos según sus ideologías políticas, y por lo tanto en irreconciliable lucha. Y en medio de toda esa vorágine, nosotros, espectadores incondicionales de esta lucha por... ¡yo que sé!, ya no sé que decir, porque podría decir que el poder, o el dinero, pero creo que son tan ceporros, que simplemente luchan por tener la razón, mientras los carroñeros que pululan siempre cerca de los contrincantes y de la podredumbre, que crea en la democracia la batalla entre los poderes, se dan atracones de dinero.

He tomado parte en algunas elecciones y me he prometido que jamás volveré a pasar por tal pantomima. Y que nadie me diga, que si no voto, luego no tengo derecho a quejarme, como si las quejas de los ciudadanos sirvieran de algo. Tendré tanto derecho y tan poco valor mi queja, como la he tenido hasta ahora. La democracia seguirá funcionando como ha venido funcionando con o sin mi voto. No se perderá nada la sociedad ni el país, porque yo deje de votar, pero al menos, asistiré al espectáculo, sabiendo que no soy culpable de que tal o cual político este sentado en la poltrona, rodeado de su séquito de pelotas sujeta sombrillas. Porque la democracia, eso a lo que llaman el poder del pueblo, es tan solo una patraña. El poder sigue siendo de los mismos. Pero lo paradójico es que si la democracia es el poder del pueblo, en realidad la culpa de la situación no es de los político, sino del pueblo por elegirlos. Y por lo tanto, nos merecemos lo que tenemos. -¡No te quejes!, tú lo elegiste. "¡AH!, ¡haber elegido muelte!"-.

Mientras tanto el tiempo pasa, las familias quiebran, el paro aumenta, las ayudas sociales y las pensiones se resienten, se discute el abaratamiento del despido, las reformas sociales y fiscales, y las elecciones se acercan, con temor para unos, y con hambre de volver al poder para otros. Y volverá la democracia a hacer gala de su hipocresía, y volverán a ganar lo mismos perros pero tal vez con diferentes collares. Y los correligionarios de unos y de otros volverán a plantarse en la sede de sus partidos, esperando las palabras de su queridísimo líder, riéndose y burlándose de los perdedores (actitud muy democrática por otra parte), sin más cosa en la cabeza que el simple hecho de que sus contrincantes, por tanto enemigos, han perdido, y serán ellos, como pueblo elegido, quienes heredaran la tierra prometida. Y mientras tanto, la vida continuará igual, paro, corrupción, independentismo, terrorismo, catolicismo radical... en una España con una economía tercermundista, basada en el ladrillo y el turismo, con una sociedad adormecida, pasota y más decantada hacia las tapas en un chiringuito de playa, que en tomar de verdad las riendas del país.

España y los españoles no han cambiando, siguen estando divididos. Seguimos estando dirigidos por pequeños hombres acomplejados, y la picardía sigue siendo nuestra seña de identidad. Seguimos fusilando la verdad en paredones, pero esta vez, hechos de recortes de prensa.

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