Viaje a la filosomía

filosofía
Pasamos la vida envueltos en nuestra propia cotidianidad, absortos en un ir y venir de casa al trabajo y del trabajo a casa. Salpicados por momentos de eso que hemos dado por llamar hobbys, vacaciones o entretenimiento. Cada uno encuentra su propia válvula de escape, mucha veces influenciados por la marea humana que lo práctica, véase cuando se va a un sitio, o se hace algo, por el simple hecho de que todo el mundo lo hace, todo el mundo lo conoce o para poder contárselo a amigos, familiares y conocidos, esperando un atisbo de reconocimiento, e incluso, me atrevería a decir, de envidia. Por lo demás, la mayoría, somos absorbidos por la rutina diaria, que nos obliga a mantener cierto nivel de vida que no nos convierta en unos parias de la sociedad. Obligándonos quizá a soportar trabajos que nos desagradan, jefes y compañeros a los que no soportamos o circunstancias, que el hecho de ser un poco más valientes u osados, no permitiríamos.

No se si es que nací con algún defecto congénito, si quizá mi cerebro emite algún tipo de señal que distorsiona lo que otros entienden por normalidad, dándome una visión extraña de la vida, distorsionando mi realidad y mostrándome caminos que, en el caso que los escogiera, y siempre mirándolo desde la óptica de lo que todos entienden por realidad, me llevaría a la perdición. Me han educado, creo que como a todos, en la creencia de que si no trabajas, que si no eres un hombre de provecho, la vida me ira mal. Y esa idea, la he tenido tanto años inculcada en mi cerebro, que ha sido como crecer con la fe firme de que si no me porto bien iré al infierno, haciendo que esa misma convicción y el temor a que fuera verdad, se convirtiera en mi verdadero castigo.

Esta claro que la sociedad requiere de individuos que aporten, que sumen en este gran carrusel de vanidades. La sociedad misma se basa en que todos somos productivos, simples obreros, por muy alta que sea la posición que tengamos en el escalafón social, pero al fin y al cabo, hormigas que trabajamos por el bien común. A estos insectos sociales, la naturaleza les dio un instinto natural que les obliga a actuar sin plantearse lo contrario por el bien de la colonia. Al humano, caracterizado por la capacidad de raciocinio, por contra, hubo que buscarle formulas que los mantuvieran de una forma u otra encarrilados en la senda del sometimiento a la comunidad donde nace. Así apareció el concepto de religión, que poco a poco fue dejando paso a nuevas y más modernas formas de sometimiento, llegando a la actualidad a niveles insospechados de manipulación y alineamiento de pensamiento. Ahora ya poco importa si crees o no en Dios, en la Virgen María o en toda la corte celestial, siempre y cuando necesites desde lo más profundo de tí un móvil de última generación, una casa en propiedad o un coche mejor que el vecino del quinto. Creando de esa forma un vinculo con la cadena de producción, que te esclaviza de una forma envenenada a la rutina diaria, en la creencia de que se hace por el bien de la sociedad e ingenuamente por el de uno mismo. Y esta vez no voy a hacer de mi idea una creencia de bolsillo, antisocial y victimista, en la que discrimine a las simples hormigas obreras de aquellas hormigas que, estando en un escalafón más alto, disfrutan de poder y dinero controlando el cotarro social. Y no lo haré porque estoy completamente convencido que todos esos, en su grandiosidad y poder, están igualmente o más, sometidos a esta falsa realidad, porque no solo se ven obligados a tener más poder y dinero, sino que además viven con el terror a perder lo conseguido.

Al final del camino y llegado el ocaso de nuestros días, todos y cada uno de nosotros, nos asomamos al abismo de lo desconocido, y mirando a la fría cara, de mirada protectora, que es la muerte, hacemos recuento de nuestras experiencias, valorando si hemos sabido aprovechar la vida desde el hecho de que hayamos viajado, salido de fiesta o conseguido más o menos bienes materiales que dejar a nuestros herederos. Y mientras tanto el entramado social, el "estado del bienestar", sigue alimentadose de individuos que, dotados con la extraña y misteriosa capacidad de ser conscientes de su realidad, de su existencia, venden dicho don por un puñado de baratijas. No me resigno a pensar que hemos alcanzado el culmen de la evolución, que esta sociedad y realidad es la idónea por el simple hecho de que la suma los individuos revierte en el bienestar de todos. No me resigno a aceptar que, como aquellos que creían que la Tierra era plana, por el simple hecho de no cuestionarse lo que había sido su educación, vivían en una realidad lisa que se desbordaba en sus extremos hacia los abismos, repletos de monstruos dispuestos a devorarles.

Tal vez para alcanzar un verdadero estado del bienestar no sea necesario ser productivo, ni siquiera un hombre de provecho y alcanzar más o menos metas materiales. Tal vez tan solo sea necesario cuidar y proteger no solo a nuestra familia y seres queridos, sino también a nuestros vecinos, a los extraños que nos cruzamos por la calle, e incluso a nuestros enemigos. Y crear de esa forma una cadena diferente, una cadena de empatía y solidaridad, y del tan empalagoso y denostado amor, que haga que el bienestar sea algo más que estar a la última en tecnología o la moda, en tener una casa más o menos grande, e incluso diría que en descubrir la vacuna que cure todas las enfermedades, en crear una obra de arte que pase a la historia o escribir un libro que se venda por millones. Todo ello seguro no revertirá en nuestras cuentas bancarias, ni sumara en nuestro haber material, pero creedme si os digo, que estoy convencido que eso nos haría más libres y felices.

4 comentarios:

antonio

Hola Eko!
Me encanta tu filosotuya.
Muchos individuos y medios de comunicación hablan del estado del bienestar como si fuera la panacea de la sociedad , pero resulta que este supuesto bienestar es para hacernos más esclavos.
Saludos!

eko

Esta filosomía seguro que no es ni mía, pero durante un rato me adueño de ella. Estamos en el estado del bien-jodido, pero nos ataron con cadenas de terciopelo, para que aunque esclavos, no nos delatasen las marcas.

Muchas gracias Antonio.

antonio

También creo que el estado tiene que dar una serie de servicios imprescindibles a la comunidad tales como la salud y la educación , estos servicios si que pueden crear una sensación de bienestar a la sociedad.

eko

Y esa sensación de bienestar nos convierte en fieles conformistas. Es lo que se llama un reflejo condicionado.
Ese mismo reflejo, en cetrería, convierte a un ave rapaz e imponente como puede ser un halcón, en un fiel servidor de su amo.

Los comentarios nacen de la reflexión, ejercicio este muy recomendado. Hazlo con educación y sus efectos serán mas gratificantes.