Deformados Sociales

Sale el sol, y un nuevo día se cierne sobre nosotros, dispuesto a que mostremos hasta que punto nuestra estupidez nos lleva por caminos cada vez más absurdos. Nos lavamos y peinamos, nos perfumamos y acicalamos, para salir al gran gallinero que es la sociedad. Contemplamos nuestro reflejo en el espejo intentando que este nos rebele aquello que puede disgustar a otros. Procuramos hacer todo lo que esta en nuestras manos, para que el semejante, nos de su aprobación. Todo ello sin pensar, que en cada hogar, hay otra persona que realiza el mismo ritual con el mismo propósito. Nos empeñamos en poner nuestra autoestima en manos de los demás, como si la opinión de ellos tuviera algún valor, buscando que nos clasifiquen en un ranking inexistente de popularidad. Nos sometemos al juicio de seres tan imperfectos y mediocres como podamos serlo nosotros mismos, y sin nosotros saberlo nos convertimos en jueces de los demás.

Paseamos por la calle envueltos en un juego de miradas más o menos veladas, en un eterno baile de disfraces, donde encontramos al payaso, la puta, el chulo, el hortera, la maruja, el pijo, el pobre... Retahíla de estereotipos por el que nos clasificamos para poder dar sentido a nuestra existencia y encontrar el lugar que nos corresponde. Enjuiciamos y somos enjuiciados, en un desfile sin fin de hipocresía y vanidad, que acaba por acaparar la mayor parte de nuestro tiempo. Dedicamos ingentes cantidades de dinero y tiempo en aparentar, olvidando que es lo que queremos ser, incluso quienes somos. Al final, nos convertimos en una marca patentada de la estupidez, sin más conversación que el tiempo que hace, los resultados de fútbol, las fiestas que nos corrimos, las tías o tíos que nos ligamos, el trabajo, los hijos, el paro, los políticos, el feminismo, el machismo, las guerras... todo ello sin decir realmente quienes somos, que queremos, que esperamos o buscamos, que tememos o que sentimos.

Cubrimos nuestras espaldas haciendo ostentación de nuestro altruismo, nuestro compromiso con las causas sociales, con los problemas en el mundo, como una parte más de nuestra vestimenta, en una camiseta, en una pegatina en el coche, en una imagen de nuestro blog. Mientras tanto el baile continua, los días empiezan y acaban, en una lucha constante, en una perenne competencia de deformados sociales que enmascara la realidad que escondemos.

Buscamos justificaciones y tratamos de dar sentido a nuestros actos, con razonamientos que nos lleva a la exculpación de nuestros defectos, de nuestros actos malvados y ruines. A veces dejamos aflorar lo humano o divino que subyace bajo tanta deformidad, y atisbamos un poco de aquel niño inocente que un día fuimos, para seguidamente volver a esconderlo por miedo a que lo descubran. Somos como quieren que seamos, sin llegar nunca a ningún sitio. Anclados en una vida rutinaria e infértil, que nos lleva segundo tras segundo a la desaparición total, al olvido más profundo, sin haber alcanzado jamás la verdadera esencia de nuestra alma.




2 comentarios:

antonio

Hola Eko!
Creo que tienes razón,esta sociedad nos está convirtiendo en figuras de chocolate,bonitas y sabrosas por fuera y huecas por dentro.
Por eso me gustan las personas humildes y sencillas,son las más autenticas.
Saludos!

eko

Hola Antonio

Tienes mucha razón, en la humildad y la sencillez tal vez esté la autenticidad.

Muchas gracias por leerme y comentar.

Saludos!

Los comentarios nacen de la reflexión, ejercicio este muy recomendado. Hazlo con educación y sus efectos serán mas gratificantes.